viernes, 24 de junio de 2011

No permitas que alguien llegue a ti y se vaya sin ser mejor y más feliz.

Madre Teresa de Calcuta

Felicidad no es hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace.

Jean Paul Sartre

miércoles, 22 de junio de 2011

Caminante no hay camino, se hace camino al andar.

Antonio Machado

lunes, 13 de junio de 2011

Si no quieres perderte en el olvido tan pronto como estés muerto y corrompido, escribe cosas dignas de leerse, o haz cosas dignas de escribirse.

Benjamín Franklin

domingo, 12 de junio de 2011

La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla.

Gabriel García Máquez

jueves, 2 de junio de 2011

Bienvenido 2011

No fue tan interesante lo que hice la mayor parte del 31 de diciembre, lo que vale la pena contar es el festejo para recibir al año nuevo. Mi familia y yo comenzamos la celebración con una tradicional cena para despedir el 2010 alrededor de las 8 pm. La diferencia entre la festividad del año anterior y ésta, fue que este año teníamos previsto ir al concierto en el Monumento a la Revolución. Así que cuando terminamos de cenar, cada uno nos alistamos y salimos rumbo a Reforma.

El concierto de la celebración de año nuevo anterior había sido en el Ángel de la Independencia como era costumbre, pero esta vez decidieron trasladarlo al Monumento por aquello del centenario de la Revolución Mexicana. Luego de dar varias vueltas a un montón de calles de Reforma en busca de estacionamiento, llegamos, aunque todavía tuvimos que caminar alrededor de tres cuadras. Las calles en su mayoría estaban rodeadas de autos y la gente era cada vez más. Nos colocamos  en la esquina de una calle donde podía verse el escenario desde su costado derecho. Era un buen lugar a pesar de que estábamos un poco alejados de éste, teníamos además en frente de nosotros una pantalla gigante en la cual se transmitía el concierto. Este fin de año se presentó Joan Sebastian y el grupo Cañaveral. Yo no soy fan de este tipo de grupos y cantantes y tampoco me gusta el género musical al que pertenecen, pero en un festejo como este no tengo ningún inconveniente en escucharlos y ver todo el show que hacen. A decir verdad, disfruto mucho estos festejos que organiza el gobierno de la ciudad y ¡la gente también! pues desde que hizo su entrada el grupo Cañaveral se abrieron pequeños espacios entre las personas para bailar todo lo que tocaban. ¡Y cómo no hacerlo! si aquí en México dónde hay cumbia y salsa no falta el baile. Lamenté no saber bailar, así que nada más miraba a un lado y a otro a las parejas que bailaban, y más a  esas que mostraban sus mejores pasos.

Pero el baile y el relajo fue entrado el 2011. Momentos antes de su llegada, un representante del gobierno del Distrito Federal dio las gracias a todos por venir, entre otras cosas. Fue realmente emocionante cuando en todas las pantallas comenzó la cuenta regresiva para el comienzo del año. “¡10!, ¡9!, ¡8!, ¡7!, ¡6!, ¡5!” todos aguardaban celebrando y algunos captaban con sus cámaras el momento para nunca olvidarlo. “¡Cuaaaatro!, ¡Treeeees!, ¡Doooos!, ¡Uno…!” y entonces sí, todos con fuerza y al mismo tiempo: "¡Feliiiiiiiiiiiiiiiiiz año nueeeeeeeeevoooooooooooo!”. Abrazos, felicitaciones y el júbilo alrededor era todo lo que se podía ver. La fiesta había comenzado. Un verdadero espectáculo fueron los fuegos artificiales surcando el cielo. Cientos de luces coloreando un 2011 lleno de propósitos, esperanzas, ilusiones y sueños renovados. ¡Qué importa el pasado!; ¡Qué importa el ayer! ¡Vamos!, que ahora hay una nueva oportunidad de crecer y mejorar.

Creo que en estas fechas sobre todo, es cuando se suelen valorar más las cosas, recapitular lo acontecido en nuestras vidas y hacer un balance de nosotros con relación a los demás. Es una magnifica oportunidad de ver hacia nosotros mismos y creer, porque es extraordinario darse cuenta que esos momentos que llamamos mágicos, ya sea un cumpleaños, la navidad, el año nuevo y otros tantos más tienen algo especial, porque quizás después de tanta incredulidad, es tiempo de abrirse a un mundo nuevo donde la magia se ve y también se siente.

Metamorfosis

En un partido de futbol, el delantero Omar Morales conectó de tres dedos un balón. El potente cañonazo describía una curva impresionante mientras se dirigía al ángulo superior derecho de la portería. El guardameta ejecutó un lance extraordinario para detener el tiro. Voló por los aires y se convirtió en pájaro.

En el Aparador

Todos los días, Ricardo Caballero —soltero, bien parecido, alto, veinticinco años— pasaba por una elegante tienda de ropa. Tímido, siempre se detenía a contemplar a través del vidrio a una hermosa señorita. Le encantaba la ropa exclusiva y de moda que diariamente vestía. Un día, decidido a conocerla, se paró frente a los aparadores y le dijo valiente pero con voz cortada: <<Señorita, la conozco bien, me he enamorado perdidamente de usted. Me encantaría saber su nombre>>. Aguardaba paciente la respuesta de la bella dama, pero al final se fue intrigado. Alguien le dijo que los maniquíes no hablan.

La Rutina

Como era costumbre, Constanza llegaba a casa pasadas las dos de la tarde. Como también era costumbre, después de recuperar el aliento por el extenuante viaje, encontraba servida la comida que su madre –quién diario quería dar una sorpresa al paladar de su hija– había preparado. Era costumbre incluso, el enfado de su parte por nunca ver el guiso que le ordenaba a su madre justo antes de partir al trabajo. Así que por costumbre, incesante le asestaba regaños. Luego de tan acostumbrado episodio, sosiega e inapetente, comía. Dejaba –satisfecha e indiferente– el comedor e iba a su cuarto a pasar el resto del día. A la mañana siguiente, como era costumbre, Constanza se alistaba para el trabajo, pedía la comida a su madre y salía. Volvía a regresar después de las dos de la tarde y la historia, como era costumbre, se repetía.

Una tarde (no como cualquier otra) Constanza regresó y no encontró a su madre. Supuso que su tardanza debía ser por la comida enrevesada y de tantos ingredientes que le había encargado, aun sabiendo que no la complacería, creyó que por fin iba a tener el gusto de comer algo que ansiaba. Sin embargo, la madre no estaba esperándola con la mesa puesta y decidida –por costumbre– a soportar una vez más los alaridos de su inconformidad. Su preocupación aumentaba en media que avanzaban los minutos y empezaba a flaquear. El agobio por no saber nada de su madre se apoderaba de su cuerpo; el nerviosismo la impacientaba cada vez más y sus pensamientos la hacían caminar de un lado a otro de manera inquietante. Constanza estaba tan acostumbrada a la rutina de siempre, que le angustiaba no contemplar los eventos habituales dentro de la casa. Se acongojó demasiado porque la creyó perdida, y con un sentimiento de vacío salió a buscarla.

La madre de Constanza regresó a la casa, inmediatamente –como era costumbre– preparó gustosa la comida, con la esperanza de siempre por encantar el paladar de su hija. Cuando terminó, ilusionada, esperó a Constanza que llegará del trabajo. Era evidente que no tenía percepción del tiempo. Su reloj se había ido atrasando diez minutos por cada hora desde la noche anterior. Extrañada, levantó la muñeca izquierda para darse cuenta de la hora que era. Pudo ver que el cristal del reloj estaba estrellado –debía ser por haberlo tirado accidentalmente momentos antes de irse a la cama– y también notó que ya pasaban de las 5 pm (dos horas más tarde en realidad). Paciente, siguió esperando hasta que escuchó la puerta. Entró Constanza a la casa, famélica y muy agotada por la exhausta búsqueda de su madre. De manera mecánica e inconsciente, se sentó a la mesa, comió insaciable –como nunca– sin decir ni una sola palabra. Satisfecha, derrotada, sin ganas de más, se retiró del comedor y fue a su cuarto a pasar el resto del día.

Su madre, complacida por la ausencia de las peripecias ordinarias, se dirigió al cuarto de Constanza. Abrió la puerta suavemente y la vio sentada en la esquina de su cama, con un tono dulce y sumiso le exigió: <<No vuelvas a llegar tarde>>.

Atrapados

Bruscamente se cerró la puerta del armario, o más bien alguien, violentamente la había cerrado . Adentro, Anita sollozaba, estaba desconsolada por lo sucedido, no sabía cómo había llegado a ese oscuro rincón ni tampoco qué había hecho para merecer tal crueldad, pero pronto se dio cuenta que no estaba sola, y el hecho de sentir una presencia junto a ella le daba un poco de tranquilidad. Dirigió su mirada a un costado, e inmediatamente su acompañante se presentó. Emil —que así se llamaba su nuevo amigo— frecuentaba demasiado (y no porque quisiera) aquel armario, no tenía ningún inconveniente en estar con alguien más, y le resultaba muy agradable. Charlaron cuantioso tiempo, parecía que ambos se conocían de hace años, por un momento se habían olvidado de estar encerrados y esta situación no los incomodaba. Afuera, seguía la fiesta de cumpleaños de Anita, al parecer no era indispensable aun en su propio festejo, y en el momento en el que se ponía pensar en ello escuchó la voz aguda de su madre : <<¡niña, dónde te has metido, baja ya a partir el pastel!>>. No hubiera querido otra cosa más que salir corriendo de ese escondrijo, a pesar de ello de un momento a otro sintió que no le hacía falta. La compañía de Emil la llenaba y la hacía feliz. Sin embargo, él —que también había escuchado que la llamaban— le dijo: <<Tu madre puede preocuparse si no sales ahora>>, pero Anita agachada y un poco triste, le respondió que eso no era posible, porque nadie afuera haría caso de sus suplicas por querer salir. Entonces escuchó el chasquido de las charnelas y vio como lentamente se abrían las puertas del armario. Cuando levantó la mirada para ver a Emil, él ya no estaba, había desaparecido. Anita, que se quedó atónita y con las ganas de darle las gracias, tuvo que salir y continuar su fiesta.

Soprano

Agitada, presta a descansar por un momento, Victoria encendió el televisor para mirar cualquier programa. En los comerciales, anunciaban las fechas para el casting de un musical que llegaba a la ciudad. Miraba atenta y entusiasmada la convocatoria, pero repentinamente la llamaron. Triste, acudió a las voces y no pudo enterarse cuándo y dónde serían las audiciones.

— ¡Tercera llamada! —Anunciaron en La Scala.

El teatro estaba repleto. Estallaba en júbilo. Fascinados, los espectadores aguardaban la Obertura mientras Victoria salía del camerino y aparecía en escena, dispuesta una vez más a dar el concierto de su vida.

Inédita continuación de “El dinosaurio”

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

— ¡Tráeme el desayuno!  ¡No te quedes allí parado! —Le exigió malhumorado el hombre.

Dejarte México

Cada vez que limpiaban las huellas de los migrantes, el cielo parecía venirse abajo.

El Cumpleaños

Era el cumpleaños de Benito. Le faltaban aproximadamente veinticuatro pasos para llegar a casa, y cuando los hubo completado, se detuvo frente a la entrada mientras sacaba el llavero del bolsillo derecho de su chamarra. Entonces introdujo la llave en la cerradura, giró suavemente la muñeca, abrió lentamente la puerta para evitar el molesto rechinido de las bisagras y en dos pasos entró a la casa. Encendió la luz y ¡Sorpresa! Otra vez nadie había venido a su cumpleaños.